Fodrászattörténeti Gyűjtemény (Colección de la Historia de la Peluquería)

Fodrászattörténeti Gyűjtemény (Colección de la Historia de la Peluquería)
Fodrászattörténeti Gyűjtemény, Distrito XIX de Budapest: Descubre piezas auténticas, herramientas y recuerdos que cuentan la fascinante historia de la peluquería en Hungría. Una colección ideal para amantes y curiosos del oficio.

El Fodrászattörténeti Gyűjtemény, escondido en las tranquilas calles de Kecskemét, es ese tesoro raruno que incluso muchos húngaros pasan por alto. No es otro museo más lleno de vitrinas inmóviles y cartelas desteñidas; es un homenaje vivo y con mucho humor al mundo extraño y maravilloso de la peluquería. Si alguna vez te has sentado en la silla del barbero preguntándote quién demonios inventó la permanente, o has mirado con recelo rizadores y navajas, esta colección resolverá tus dudas… y te dejará unas cuantas nuevas.

La Colección de Historia de la Peluquería existe gracias a László Mihály, maestro barbero y coleccionista apasionado, que empezó a reunir recuerdos peluqueros en los años cincuenta. Tras años rebuscando en tiendas de segunda mano, apuestas en mercadillos y chivatazos susurrados, László acabó creando quizá el álbum nacional más completo de la cultura húngara del peinado. Lo que comenzó modestamente creció hasta miles de piezas: tijeras y navajas de todas las formas imaginables, cortapelos de manivela, secadores del tamaño de una aspiradora moderna, colonias de preguerra en frascos que parecen alquimia, tenacillas, e incluso sillones de barbero que tendrían mil anécdotas que contar —si los tapizados hablaran.

Una de las curiosidades más llamativas es cómo las piezas mezclan objetos prácticos y cotidianos con artefactos humorísticos y, a veces, un pelín extravagantes. Destaca una pesada máquina de permanente de hierro fundido, orgullo de una vitrina: un artilugio de principios del siglo XX, cuajado de cables y rulos, a medio camino entre aparato de tortura y fantasía steampunk. Los anuncios antiguos de ceras para bigote y cremas para barba evocan una época en la que arreglarse era lujo y motivo de orgullo. Y cuando crees que ya lo has visto todo, aparecen joviales “tazas de afeitar” de cerámica con retratos pintados de señores húngaros moustachudos, aportando encanto a lo utilitario.

Al recorrer las salas, empiezas a rastrear los vínculos sutiles entre peinados y sociedad: cómo un moño elegante o un bigote bien perfilado delatan política, cultura pop y tecnología. Las paredes no solo exhiben herramientas del oficio, también incontables fotografías: retratos sepia granulados de los años 1920, instantáneas en blanco y negro de cuartetos de barbería locales, fotos de grupo en encuentros profesionales. Es la historia vista a través del pelo, y poco a poco caes en la cuenta de cuánto tiempo, arte y hasta riesgo hacía falta para mantener a los húngaros impecables para bodas, revoluciones o primeras citas.

Uno de los aspectos más sorprendentes del Fodrászattörténeti Gyűjtemény es su atmósfera: irreverente, juguetona y claramente alimentada por el cariño infinito del coleccionista hacia el oficio. Visitarlo se parece menos a recorrer un museo y más a curiosear en el desván de un tío excéntrico, guiado por alguien que insiste con pasión en que cada cuenco de afeitado abollado y cada diploma desvaído tiene una historia que merece ser contada. Aunque no sepas distinguir un tupé de un pageboy, su energía se contagia: sales mirando las peluquerías modernas con otros ojos, entendiendo que los estilos de hoy caminan sobre las huellas de una tradición centenaria y un punto alocada.

Así que, si alguna vez te pierdes por Kecskemét y te apetece un respiro del plan típico de galerías y templos, entra en esta estupenda cápsula del tiempo. Alucina con la inventiva de nuestros antepasados, tiembla ante los artilugios más “peludos” y piensa en todas las almas valientes que pusieron su melena en las manos hábiles —y osadas— de los barberos de antaño. Es una lección de humildad, humanidad y, por encima de todo, de pelo.

  • En el Fodrászattörténeti Gyűjtemény de Kiskunfélegyháza se exhiben herramientas usadas por Frigyes Fürst, barbero húngaro que atendió a Béla Bartók en sus visitas tempranas a la región.


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